viernes, 2 de agosto de 2013

Day 2 - Your Crush

IAhora ando en una de asimilar que muchas veces las cosas, por más que se quieran y por todas las ganas y la voluntad que le pongamos, no siempre se dan. Hace unos meses me había encontrado con una persona con la que podría asegurar casi al 100% que iba a durar lo que uno espera que una relación dure, es decir, hasta que dejemos este plano. por un montón de circunstancias que no voy a enumerar no sucedió así y como comenté hace un par de posts, ando en modo escéptico.

Yo soy jodida para que me guste alguien, pero por lo general, cuando me llega a gustar, me gusta mucho. MUCHO. Pero hoy, y más aún después del último break-up, ando en un modo quizás más zen... O menos entusiasta. No sé bien.

Sí, hay un chico que me gusta. Nos llevamos genial. Me divierte, me hace reír muchísimo, me trata con cariño, me inspira ternura y también alguno que otro mal pensamiento. Es inteligente, es atento, es buen conversador. 

Me gusta pero twndría que dejarlo así, quietito. Me planteo constantemente si es mejor o no dejarlo en un plano platónico porque hay mil razones por las que terminaría en desastre todo.

La cosa es que no es tan sencillo dejar quieto. Si hay química la hay y punto y a veces hay que amarrar al cerebro un rato o emborracharlo para que no fastidie al resto del cuerpo cuando quiere sentir. 

Por ahora endo entre el «tripeate tu vaina» y el «deje así, Andrés», y «así» me lo estoy tripeando.

Ah, también usa franelas muy finas:


jueves, 1 de agosto de 2013

Day 1 - Your Best Friend

Mis amigos de toda la vida van a seguir siendo mis amigos de toda la vida, no importa cuánto tiempo pasemos sin vernos o sin hablar. El que hoy no elija para este día a la misma persona de hace 3 años no guarda relación con la amistad que tenemos.

Hoy, estando lejos de casa en una ciudad difícil, puedo decir agradecida que tengo a una gran amiga. Qué amiga? Una hermana.

A Marlene la conocí por Twitter. Yo aún vivía en Caracas y ella estudiaba un MBA en Buenos Aires. Teníamos a otro par de conocidos tuiteros en común (Dalia y Juanjo) y surgió una especie de sociedad.

Marli es la que me ha escuchado las quejas, los llantos y las puteadas y amarguras. Es la que se sienta conmigo una vez por semana a bajarse una bolsa de maní y una botella de Benjamín Rosé en verano, y tinto en invierno. Es la que no le tiene miedo al Mamajuana dominicano, a pesar de la imagen de la negra con el tabaco en la etiqueta. Es la compañera de picnic, de planes baratos porque siempre andamos pelando bolas. La perseverante que no se rindió hasta conseguir quedarse en Buenos Aires a pesar de las dificultades. Es con la que hablo de chicos, de los buenos y de los malos; de los que no queremos olvidar y de los que no queremos volver a cruzarnos nunca en la vida. Es constante, es honesta (a veces brutalmente honesta). Es una genia.


¡Púyalo, Limardo!

Esta crónica la escribí hace un par de meses para una clase de Expresión Escrita y me gustó cómo quedó (aunque a mi profesora la iba decepcionando con cada escrito, pero ¿quién la nombró a ella la reencarnación de Hemingway?). 


A exactamente un año de su proeza olímpica, un pequeño relato de cómo viví desde mi oficina en Buenos Aires la llegada del oro de Rubén Limardo.



¡Púyalo, Limardo!





            Hay deportes de los que no entiendo, que nunca he visto, y por los que nunca mostré el más mínimo interés a lo largo de mi vida. La esgrima siempre fue uno de ellos. Así, viéndola por encimita, no me atrapaba, no me parecía que tenía mayor chiste ni emoción. Pero eso cambió el 1 de agosto de 2012.
            No había estado prestando demasiada atención al desarrollo de los Juegos Olímpicos de Londres, más que nada, por falta de televisión, pero esa mañana me había enterado a través de las redes sociales de que había un venezolano con posibilidades de traerse una medalla a casa, puesto que había llegado a semifinales de espada del torneo de esgrima. Rubén Limardo, oriundo de Ciudad Bolívar, nos tenía a todos atentos.
            No llegaban a ser las 12 del mediodía de ese frío miércoles de invierno porteño. Yo apenas me instalaba en mi escritorio con una buena taza de café con leche en una mano, y con el teléfono siguiendo Twitter atentamente en la otra. Para ese momento ya Limardo ya había alcanzado la semifinal al derrotar en cuartos de final al italiano Paolo Pizzo. Mientras tanto, yo buscaba la página oficial de los juegos para poder ver en vivo el siguiente duelo.
            “¿A qué hora pelea con el gringo? – “¡En 15 minutos, y si le gana, por lo menos una de bronce se lleva!”. Finalmente encontré el stream. Ansias, expectación. Cuento los minutos y me olvido que tengo obligaciones laborales que cumplir, fechas tope y reuniones con clientes. “Luego me encargo de eso”.
            Un par de horas antes el otros esgrimista venezolano en competencia, Silvio Fernández, había caído en octavos de final contra el estadounidense Seth Kelsey, actual oponente de Limardo, así que estamos todos con los nervios de punta: yo en mi oficina, mis compatriotas en Caracas, Madrid, Toronto, Nueva York y en latitudes tan lejanas como Sidney siguiendo a Rubén y comentándolo por las redes.
            Hasta aquí sólo me atrevía a entusiasmarme con la posibilidad de ganar una medalla de bronce. Uno pone las esperanzas en su favorito, pero trata de no emocionarse demasiado, de no esperar demasiado para no decepcionarse si el triunfo no llega.
            Ya Kelsey había derrotado a Limardo en la final espada de los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011, en un cerrado enfrentamiento que favoreció al norteamericano 12-10. Kelsey empezó ganando, y yo empezaba a rezar. No puede ser que éste sea el verdugo de los venezolanos. Pero a pesar de su largo brazo, Rubén fue más ágil, y se aseguró una medalla olímpica al imponerse 6-5.
            Twitter explotaba ¡Limardo a la final! ¡Vamos por el oro, Ruben! Nadie hablaba de otra cosa, al menos nadie que no fuera venezolano. Finalmente todos estamos de acuerdo en algo: nos olvidamos por un momento de la inflación, de la inseguridad y de la crisis política y nos dedicamos a apoyar a nuestro D’Artagnan.
            La final no será sino hasta las 14:30 en Venezuela, 16 de Argentina. Me tomo unos minutos para almorzar y finalmente hacer todo el trabajo que  había descuidado durante la mañana. Pero quiero hacerlo rápido, que no quede nada pendiente, porque la final no me la quiero perder por nada en el mundo.
            A pesar de mantenerme ocupada con mil pendientes, no dejo de mirar el reloj cada 3 minutos. Me desespero porque el tiempo no pasa, pero eso es lo normal cuando se mira la hora tan seguido. Es como mirar una olla de agua mientras se espera a que hierva, toma una eternidad.
            Las 4 de la tarde, finalmente. Ya Rubén Limardo y el noruego Bartosz Piasecki en guardia, esperando que comience el primer asalto. Me tomé la libertad de descolgar el teléfono para que nadie molestara. Empieza el duelo y ambos se ven muy parejos. Rubén con una ligera ventaja sobre el noruego, pero nada está definido. Mientras tanto, desde nuestras casas y oficinas le damos aliento usando etiquetas cómo #PúyaloLimardo #PorElOro y #VamosRubén. Sabemos que no nos puede leer, pero no importa porque sentimos que igual le damos fuerzas para ganar.
            Esta vez no se agotó el tiempo reglamentario. Estoy pegada a la pantalla de mi computadora viendo como en el último asalto la diferencia de puntos poco a poco se agranda. Hay esperanzas para Venezuela. Se viene nuestra segunda presea dorada, y la primera en estos juegos.
            En mí no cabe la emoción. Ni hablar de Limardo que corrió a los saltos por toda la pista con los brazos en alto tras obtener el último punto. Corrió a abrazar a su tío y entrenador Ruperto Gascón, quien junto a su madre le inculcaron desde pequeño el interés por esta disciplina. La sonrisa no le cabe en el rostro y a mí se me escapan unas cuántas lágrimas de alegría viendo la escena. Pocos minutos después cuesta más contenerse, al ver mi bandera y escuchar mi himno nacional sonar en Londres. Me hace recordar que cuando queremos, podemos ser grandes.
           

miércoles, 31 de julio de 2013

Un reto por día

(Imagen de Julieta Segura)

Hace tres años hice un Reto por Día que resultó ser un ejercicio chévere to sum up cosas, personas y vivencias que fueron importantes en su momento. El tiempo ha pasado, y evidentemente muchas cosas han cambiado, algunas otras se mantienen igual, pero decidí que tres años más tarde vale la pena volver a hacer este pequeño reto, quizás para ver qué tanto se ha modificado mi vida, qué tanto he avanzado o cuánto ha cambiado mi propia manera de ver las cosas.

Empiezo mañana.

jueves, 18 de julio de 2013

Descargo



Hace unas semanas que intento escribir este post, pero no he sabido muy bien por dónde empezar. Todavía me cuesta entender qué pasó. Todavía estoy incrédula y estupefacta. Todavía trato de descifrar cuál versión suya es la verdadera: la que conocí hace seis meses, o la que muestra ahora con tanta insistencia.

Quizás me cuesta entender porque desde el principio hubo mil y una promesas de que esto no iba a terminar como terminó. Y porque por primera vez en la vida creí que no iba a terminar como terminó. Eso lo hace más desconcertante. Y más acojonante.

Imagínense que por primera vez están súper seguros de algo, que por primera vez no tienen dudas de que es tan real para ti como para el otro. Fuck. Nunca es así.

Algún gen masoquista debo tener para estar a estas alturas todavía dándole vueltas al asunto y tratar de conseguirle alguna explicación - lógica o no - de cómo una pasa de ser alguien importante y determinante en la vida de otro a ser inexistente en un parpadeo. Un día eres la persona que convence a alguien de lo mucho que vale y al otro no vales ni siquiera que se tome unos minutos para dedicarte un par de palabras. Who the hell does that? Who the hell can be not only so ungrateful, but so mean? Acaso yo merezco esa vaina? Sé que no.

Otra cosa que no logro y que nunca lograré entender es esa bendita maña que tiene la gente de decir con plena seguridad cosas que no siente: "yo voy a hacer todo lo posible". "No me voy a rendir". "Te quiero y sé que vale la pena el esfuerzo y sacrificio". "No importa lo que pase, siempre voy a estar y vas a estar".... Y a la primera traba deserta cual Francesco Schettino, sin mirar atrás y sin decir adiós... "Yo no dejo nada valioso en ese barco, so fuck it!". Newsflash: you're being a jerk. Tanto empeño y esfuerzo para agradar y caerle bien a todo el mundo and ironically he doesn't give a shit con la persona que pudo ver más allá. 

Perdonen si no cuido la forma y el estilo en este post. Mi intención no es tratar de escribir un gran texto o por lo menos uno que agrade. Ya fui poética y usé metáforas en las varias cartas que le escribí que probablemente fueron a dar al tacho de basura y que nunca obtendrán respuesta. Hice lo que pude e intenté hacer mucho más, pero cada vez me encontraba con una pared más  y más alta. No di más. Juro que traté de ser paciente, de ser comprensiva, incluso de hacerme la tonta para evitar percatarme de la creciente indiferencia que terminó por convertirse en simple desprecio. En esas condiciones, hice más que cualquier persona normal. Al menos eso creo. Pero no di más. 

Qué tiene que pasarle a alguien para dar esos giros tan drásticos? Qué tiene que pasar para que una persona a la que adorabas y "amabas irracionalmente" de la nada se convierta en... pues en nada? Yo, que soy una necia empedernida siempre quiero saber, siempre quiero llegar al fondo de todo y encontrar respuestas quizás inexistente, y como no las consigo, me frustro, me enojo y me decepciono. Ese es el problema con las expectativas - las propias y las que crean terceros -, y yo siempre termino en el mismo lugar: hecha una falsa cínica, porque el "no creo en nadieN" nunca dura lo suficiente.

Yo no termino de aprender.

viernes, 3 de mayo de 2013

Yo soy así, y nada más (Confesión Nº 4)



  • Sólo recuerdo perfectamente tres «primeros besos». Recuerdo y revivo exactamente las sensaciones que me causaron. Uno fue un Jueves Santo saliendo de El Hatillo, el otro, un lunes por la mañana en la sala de mi apartamento en San Telmo, y el tercero, cayó completamente de sorpresa mientras en tarima tocaba una banda llamada Los Colores y fue una especie de "ya deja de hablar tanto". 
  • Lloré durante toda la ceremonia de la boda de Charly. Estaba totalmente conmovida y feliz... y cursi.
  • Espero que ese tercer «primer beso» sea el último primer beso que tenga.
  • Me da terror esto de amar a alguien.
  • También me encanta.
  • Estoy aburrida. Muy aburrida. Necesito empezar a mover fichas.
  • Soy muy, muy insegura. A veces me dejo ganar por esa inseguridad y eso me come la cabeza.
  • Hace un par de semanas que siento una necesidad loca de volver a Caracas. Siento que en este momento tendría que estar allá, y creo que si tuviese la plata en la mano, estaría yendo hoy mismo a comprar un pasaje.Últimamente extraño todo demasiado.
  • Desde hace unos meses ando fiebruísima con el té, y cada vez que puedo, compro alguno nuevo y raro. Ando probando cuanta infusión se me atraviesa en el camino.
  • Es complicadísimo cambiar de rubro laboral. Incluso mantenerte en el tuyo cuando has estudiado una carrera que te limita a tu propio país como es el Derecho. Y empezar en otra cosa es difícil casi imposible cuando una ya no está para perder tiempo y dinero haciendo pasantías. Pero es peor que en tu propio país te exijan cada vez más estudios y títulos, y cuando se los traes, te ofrecen un sueldo de pasante.
  • Sí, ando un poco frustrada con mi situación laboral.
  • El otro día andaba con una arrechera monumental y en lugar de drenarla llorando, como suelo hacer, llegué a casa, me puse un mono y una franela y me fui a correr. Aprendí que correr con arrechera cansa menos y tengo mucho más drive para hacer abdominales y flexiones y todas esas cosas que usualmente me cuesta mucho hacer. Es una excelente manera de drenar.
  • Ahora me dio por que quiero hacer pole dancing, pero soy tan pero tan torpe que seguro me voy a romper algo. Igual ahora no tengo ni tiempo, ni real.
  • Tengo un "writer's block" arrecho. No se nota? Nah, seguro que sí y demasiado. Odio estas largas temporadas sin que nada me inspire a escribir, ni siquiera el hecho de que arreglé mi pluma fuente y quiero usarla para todo. 
  • Otra vez me rebotaron del concurso "Cartas de Amor" de Mont Blanc. Esa gente odia la buena escritura. Todavía no supero el trauma de hace 3 años de "Mi Facebookman". En serio. Odian la buena escritura.
  • Ando en un mood de "me iría demasiado". Ando amargada últimamente. AUNSILIO!

jueves, 2 de mayo de 2013

La Sub-17: Otro triunfo mal adjudicado - El deporte sigue politizado.

Hace unos días escribí un corto ensayo para mi clase de Expresión Escrita del ISEC sobre cómo en Venezuela el gobierno ha aprovechado los triunfos deportivos para utilizarlos como parte de una campaña de auto-prestigio y de propaganda, olvidando que el esfuerzo, la dedicación, la constancia y el talento es exclusivo de los deportistas, y así debe ser reconocido. 

Al día siguiente de entregar mi ensayo, el combinado nacional Sub-17 de fútbol regresaba de participar en el torneo Sudamericano de la categoría, clasificado al próximo mundial y como merecidos sub campeones. El gobierno, ni corto ni perezoso, tomó esto como otro "gran logro de la revolución". Rafael Dudamel, un maestro respondió "Venezuela somos todos".

Aquí les dejo el ensayo, a propósito de lo visto el martes pasado con los chicos de la Sub-17:



La Politización del Deporte en Venezuela

Venezuela es un país que en los últimos años se ha visto altamente politizado. No sólo en el ámbito que compete a quienes ejercen funciones públicas. Lo vemos a diario en la sociedad, que cada vez más participa, opina y se involucra en política. También se hace evidente en otros ámbitos, como el cultural y, por supuesto, en el deportivo.

La politización del deporte no es un fenómeno exclusivo de Venezuela. De hecho, no es siquiera exclusivo de América Latina. En España, por ejemplo, se hace evidente en cada final de la Copa del Rey cuando alguno de los finalistas es un equipo catalán o uno vasco. Se pita el himno español ante la presencia del Jefe de Estado o de quien vaya en su representación. Un hecho curioso para extranjeros, que no entienden bien por qué los ciudadanos de un país pitan a su propio himno. En ese caso son los ciudadanos con aspiraciones independentistas, pero hay otros en los que es el mismo Estado o, más raro aún, los mismos deportistas los que mezclan la política con el deporte.

Es muy común que el Estado se adjudique los triunfos de los deportistas venezolanos para tratar de atribuirlos a un proyecto político. La utilización de los éxitos de los deportistas de élite para reivindicar otros aspectos, sobretodo políticos, está totalmente fuera de lugar, pero no es fuera de lo común. Eso sí, mientras no sean exitosos, no cuentan con apoyo gubernamental. Menos aún quienes abiertamente expresan una postura política contraria a quienes detentan el poder. Tal es el caso de la ciclista olímpica Daniela Larreal, quien tuvo numerosos problemas para poder asistir a los Juegos Olímpicos de Londres en 2012 por no tener acceso a divisas debido al control de cambio existente en el país desde hace 10 años.

Ruben Limardo, esgrimista olímpico que obtuvo la única presea de oro para el país caribeño en Londres tuvo problemas similares, aunque no por su postura política. No fue sino hasta que se coronó campeón olímpico que el gobierno comenzó a brindarle su apoyo, y él de vuelta al gobierno. Vale acotar que desde entonces no ha vuelto a presentar problemas para la obtención de divisas para entrenarse y competir.
Como estos, en Venezuela existen muchísimos otros casos claros de cómo la política puede incidir en el desarrollo de un deportista, de un club deportivo, o incluso de un torneo internacional. A lo largo de este ensayo nos concentraremos en dos casos particulares que son emblemáticos: el del Unión Atlético Maracaibo, y el de la Copa América de 2007.

El Unión Atlético Maracaibo es un equipo de fútbol venezolano establecido en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia, en el occidente del país. Actualmente se encuentra en quiebra debido a malos manejos del Grupo América, a quienes fue cedido el club y luego lo utilizaron para crear otro club en Maracaibo.
El club había nacido en 2001 con el impulso del entonces Alcalde de Maracaibo, Giancarlo Di Martino, y fue apalancado por la inyección de capital de la Alcaldía, por lo que contaba con una fuente inagotable de fondos – públicos – que lo llevó a convertirse en un equipo millonario. Tanto es así, que en 2002 adquiere los derechos deportivos de Zulianos FC para jugar en la primera división. 

Bajo la gestión del despacho municipal el UAM se convierte en un equipo adinerado y comienza a armar una plantilla competitiva con lo más granado tanto del mercado local como internacional, con fichajes que casi ningún otro club en el territorio nacional tenía capacidad económica de hacer. En 2005 obtiene su primer título nacional y en las siguientes temporadas sigue blindando su plantilla con futbolistas altamente pagados.

No dejó de causar gran revuelo mediático – e innumerables críticas – cuando el 30 de diciembre de 2005, el Alcalde Di Martino, firmó la resolución 1.633, en la que daba instrucciones a sus dependencias de otorgarle al Unión Atlético Maracaibo el estadio “Pachencho” Romero en comodato y además la recaudación de impuestos del municipio por concepto de bingos y casinos. Las asociaciones que hacían vida en el “Pachencho” entraron en pánico, pues temían ser desalojadas cuando el centro deportivo quedara en poder del UAM. Finalmente Eduardo Álvarez, el entonces viceministro de Deportes, fue quien tuvo la última palabra sobre el comodato y dijo “no” a la intención de Di Martino, con el fin de evitar inconvenientes entre las asociaciones. Por su parte, Yeitter Urdaneta, intendente municipal del Servicio Autónomo de Administración Tributaria (Samat) para entonces, aseguró que no se le podía dar curso a las instrucciones del Alcalde, pues no era legal. Indicó que el Samat sólo podía dirigir los recursos de la recaudación de impuestos a un solo destino: la Tesorería Municipal.
El UAM había conquistado su primer torneo corto en la temporada 2002-2003 y alzó su primera estrella en la 2004-2005 y tuvo una carrera brillante tanto en torneos nacionales como competiciones internacionales como la Copa Libertadores de América. Pero esto duró tan sólo unos pocos años.

Tras esa era de esplendor y sobre todo después de noviembre de 2008, al elenco occidental le cambió drásticamente la cara. Di Martino perdió la reelección a la Alcaldía de Maracaibo y, sin fondos, el cuadro de sus amores acabó en Segunda B y endeudado con muchos de los jugadores.

El caso del UAM es un testimonio claro de cómo el inyectar dinero de fondos públicos puede lograr que un club de fútbol sea exitoso al tener la posibilidad de hacer fichajes millonarios y de contar con instalaciones de alto nivel, pero una vez que pierde acceso a dichos fondos, se produce una crisis que culmina con la desaparición del equipo.

La Copa América

La XLII edición de la Copa América se realizó en Venezuela entre  el 26 de junio y el 15 de julio de 2007, siendo la primera vez que este país albergaba esta competición.

De los países miembros de la Conmebol, Venezuela ha sido tradicionalmente el país en el que el fútbol ha sido menos desarrollado. De hecho, recién se afilió a la Conmebol en 1952 y participó en el torneo continental por primera vez en la Copa América 1967. A pesar de ello, el gobierno venezolano decidió invertir cerca de 900 millones de dólares destinados en mayor parte al reacondicionamiento y construcción de estadios, algunos de los cuales aún no se han terminado.

En las fechas previas al desarrollo de la Copa, el país estaba que ardía. El cierre de RCTV, el mayor canal de televisión abierta del país, apenas un mes antes, había desatado protestas en todo el país, y la popularidad del Presidente Chávez decaía con velocidad. Tanto del lado del gobierno como del de la oposición se aprovechó el gran componente mediático que generaba la Copa para tomar visibilidad en la región. 

La atmósfera de los estadios estaba cargada políticamente, lamentablemente, más allá del colorido y la algarabía de los aficionados al “Deporte Rey”, pudieron escucharse cánticos con consignas a favor y en contra del Presidente venezolano.

Otro hecho notable fue el que tuvo que ver con la compra y adquisición de entradas. Muchos aficionados que habían comprado sus entradas con antelación a través de internet (que era el procedimiento establecido), se sintieron estafados al no haber recibido a tiempo las mismas para el partido correspondiente. Muchos tuvimos que comprar entradas revendidas a militares de alto rango y a más del doble y hasta el  triple de su valor original. Hubo personas que ni siquiera pudieron comprar entradas, ya que en su mayoría – hasta el 70% de las mismas – fueron reservadas por alcaldías y gobernaciones y luego repartidas entre sus trabajadores, con el fin de asegurarse una presencia masiva de simpatizantes del gobierno nacional para minimizar la visualización de quienes protestaban en contra.




Otra de las muestras de politización se vio en la campaña publicitaria del evento. Vallas en las que se promocionaba la Copa con la imagen del Presidente Hugo Chávez. Su rostro aparecía junto a gigantografías de las selecciones participantes, junto Guaky, la guacamaya roja y mascota de la Copa, y básicamente en todo lo que tuviera que ver con el evento. No puedo dejar de hacer alusión a  los mosaicos humanos formando el nombre del primer mandatario nacional en el Estadio Metropolitano de Mérida durante la inauguración del torneo, ni a su discurso proselitista y mucho menos a su presencia y participación en el sorteo de los grupos ante la mirada atenta de Nicolás Leóz, presidente de la CONMEBOL para la fecha.

Se conoce de sobra la repercusión que tiene la política en  casi todos los ámbitos de la vida en sociedad, y aunque para muchos parece inaceptable que tenga influencia también sobre la esfera del deporte, lo cierto es que resulta ingenuo pensar que colosal magnitud de su poder puede ensombrecer, incluso, a una disciplina excluyente, que pareciera que nada tiene que ver con ella.

Ya sea por apatía de los gobiernos traducida en falta de apoyo a atletas o bien por la instrumentalización del deporte como estrategia que aporta adeptos a cada sistema gubernamental, el deporte termina sufriendo consecuencias perjudiciales que entorpecen su desarrollo. Tal como llegó a afirmar el ex presidente estadounidense Gerald Ford, “un acontecimiento deportivo puede servir a una nación tanto como una victoria militar”.